El concepto política tiene como raíz la palabra griega "poli" (ciudad). La política es el conjunto de actividades y trabajos que llevamos a cabo para administrar y organizar la ciudad.
La poli no era solo una ciudad, era una ciudad-estado. Esto significa "una ciudad autogestionada", con un gobierno propio. Es el origen del estado.
Dicho esto, solo me resta decir, que para que la política sea democrática, y quiero con esto referirme al proceso de toma de decisiones que llevan a gestionar y administrar nuestras "polis", es necesario que sea el ciudadano quien intervenga directamente en este proceso.
Desde el S.XVIII, con la difusión del movimiento ilustrado y sobre todo con la proliferanción de las ideas liberales se establece el concepto de democracia representativa. Desde un punto de vista teórico se dice que es el modo de hacer posible el proceso democrático ya que es imposible que todos los ciudadanos intervengan en el proceso de toma de decisiones.
Pero ¿es esto verdad?
Las Revoluciones Burguesas supusieron el ascenso de un grupo social, la burguesía, al proceso de toma de decisiones, ellos reclamaban su derecho a tomar parte de la vida política.
La burguesía estaba representada en varios grupos sociales con diversas situaciones económicas.
Integraba el Pueblo LLano o el Tercer Estado. Este gran estamento estaba compuesto por campesinos y burgueses. El burgués era el habitante del burgo (la ciudad). Dentro del campesinado y de la burguesía existían diversas situaciones económicas. El burgués realizaba actividades artesanales y comerciales, así como profesiones libres (médicos, maestros, etc.)
La capa superior de esta burguesía estaba representada por gente que había hecho fortuna a través de las nuevas prácticas comerciales, y sobretodo, cambistas, gozaban, por tanto, de poder económico pero no político. Este hecho les llevó a tener interés en acceder al proceso de toma de decisiones, pues el único modo de consolidar un poder concreto es ese, pero la reivindicación se hizo extensiva al resto del Pueblo LLano para legitimarla y darle fuerza.
El ideario ilustrado y liberal habla de soberanía popular, de libertad e igualdad de los hombres desde un punto de vista jurídico. Pero no cuestiona en ningún momento la desigualdad.
Los ilustrados del S.XVIII eran intelectuales pertenecientes a la alta y media burguesía con un sentido muy arraigado de la jerarquía social. En el "Contrato Social" Rousseau afirma que dicho sistema, que no consiste más que en un acuerdo entre las distintas partes de un Estado, puede desarrollarse con independencia de la forma de gobierno; es decir, que admite la posibilidad de compaginar el contrato social con una monarquía si el soberano lo integra. La soberanía es para ellos una responsabilidad del individuo por el interés común.
La alta y media burguesía del S.XVIII se valió del ideario ilustrado para favorecer su acceso al sistema de toma de decisiones, pero no tuvo ninguna intención de que fuese un derecho extensible a la mayoría, porque para ellos no fue más que un vehículo de fortalecimiento de su poder con respecto a los otros poderes; la Iglesia y la Nobleza.
De tal modo, observamos cómo la trasnformación del concepto democracia clásica hacia democracia representativa responde a los intereses particulares de la clase social que lideró el proceso revolucionario, cuyo único objeto era la la consecución por dicha clase social del control de la política.
Nuestra actual democracia se fundamenta en esos mismos principios, y a pesar de que existe sufragio universal y, en apariencia, partidos políticos que nos representan, nos encontramos bajo una estructura superior en la que se deposita todo el sistema; la estructura económica dominada por élites que monopolizan todo, y que son el principal medio de financiación de los partidos políticos y de las instituciones que debieran servir para regular el Estado y los derechos de los ciudadanos.
domingo, 11 de marzo de 2012
domingo, 4 de marzo de 2012
Democracia Partcipativa o Popular. PRIMERA PARTE
Esta entrada la voy a dedicar a exponer ciertas nociones del concepto de democracia participativa del que tanto se habla en los foros y asambleas del Movimiento 15 M, debido a que se ha constituido en una de las reivindicaciones fundamentales del movimiento ciudadano.
La etimología define democracia como la unión de dos palabras de origen griego; Demo (pueblo) y kratos (gobierno).
Aristóteles, en su obra Política, define varios tipos de forma de gobierno: La Monarquía, la Oligarquía y la Democracia.
Se diferencian en el modo en que se toman las decisiones, es decir, la forma de "poder", pues kratos puede definirse como gobierno o como poder.
En la primera, el gobierno recae sobre una sola persona, el monarca, que concentra todos los poderes, mientras que en la segunda el gobierno recae sobre un grupo de la sociedad que se define como representativo de ésta por ser "los mejores" (aristocracia), estando los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) también unificados.
La aristocracia puede variar dependiendo del tipo de sociedad y los valores que ésta tenga. Un aristócrata puede ser tanto un miembro de la nobleza como un miembro de la clase política, si éste último llega a tener acceso a bienes o derechos que le diferencien o le distancien del resto de la sociedad.
En nuestra sociedad capitalista es la posesión del dinero (riqueza) la que marca la diferencia, por lo tanto, si un político recibe por "sus servicios" a la sociedad un salario que excede en mucho del salario máximo de cualquier ciudadano, estamos ante un aristócrata, porque la posesión de esa riqueza le da acceso a bienes y servicios vedados para el resto que no tiene capacidad de pagarlos.
Esta diferencia se agrava en sociedades polarizadas donde la economía está patrimonializada.
La democracia se define como el gobierno del pueblo. Según el texto de Aristóteles, para que esta se produzca es necesario que el pueblo se represente a sí mismo.
Así describía Aristóteles esta forma de gobierno (he de recordar que nuestra Constitución no establece la democracia como forma de gobierno sino la Monarquía Parlamentaria):
"El principio del gobierno democrático es la libertad. Al oír repetir este axioma, podría creerse, que sólo en ella puede encontrarse la libertad; porque ésta, según se dice, es el fin constante de toda democracia. El primer carácter de la libertad es la alternativa en el mando y en la obediencia.
En la democracia el derecho político es la igualdad, no con relación al mérito, sino según el número. Una vez sentada esta base de derecho, se sigue como consecuencia que la multitud debe ser necesariamente soberana, y que las decisiones de la mayoría deben ser la ley definitiva, la justicia absoluta; porque se parte del principio de que todos los ciudadanos deben ser iguales. Y así, en la democracia, los pobres son soberanos, con exclusión de los ricos, porque son los más, y el dictamen de la mayoría es ley. Este es uno de los caracteres distintivos de la libertad, la cual es para los partidarios de la democracia una condición indispensable del Estado.
Su segundo carácter es la facultad que tiene cada uno de vivir como le agrade, porque, como suele decirse, esto es lo propio de la libertad, como lo es de la esclavitud el no tener libre albedrío. Tal es el segundo carácter de la libertad democrática. Resulta de esto, que en la democracia el ciudadano no está obligado a obedecer a cualquiera; o si obedece, es a condición de mandar él a su vez; y he aquí cómo en este sistema se concilia la libertad con la igualdad. Todos los ciudadanos deben ser electores y elegibles. Todos deben mandar a cada uno y cada uno a todos, alternativamente. No debe exigirse ninguna condición de riqueza, y si la hay, ha de ser muy moderada. Nadie debe ejercer dos veces el mismo cargo, o por lo menos muy rara vez, y sólo los menos importantes, exceptuando, sin embargo las funciones militares. Todos los ciudadanos deben ser jueces en todos, o por lo menos en casi todos los asuntos, en los más interesantes y más graves, como las cuentas del Estado y los negocios puramente políticos; y también en los convenios particulares. La asamblea general debe ser soberana en todas las materias, o por lo menos en las principales, y se debe quitar todo poder a las magistraturas secundarias, dejándoselo sólo en cosas insignificantes"
Tras las Revoluciones Liberales, desde 1789 en adelante, este concepto se transforma por la influencia de la Ilustración, la cual establece la división de poderes y la democracia representativa, que es el modelo que actualmente impera en los países occidentales denominados "democráticos" comunmente.
En la democracia representativa se reconoce que la soberanía es del pueblo, pero esta soberanía no es ejercida por el propio pueblo de forma directa, sino por representantes, que son elegidos a través de la fórmula del sistema de partidos políticos.
Los partidos políticos postulan sus candidatos, teóricamente mediante elecciones internas o primarias, y estos candidatos son los presentados como "representantes" para ser votados por el pueblo.
El modelo, de forma teórica no es malo, de no ser porque la sociedad no está realmente representada en las bases de los partidos políticos.
La etimología define democracia como la unión de dos palabras de origen griego; Demo (pueblo) y kratos (gobierno).
Aristóteles, en su obra Política, define varios tipos de forma de gobierno: La Monarquía, la Oligarquía y la Democracia.
Se diferencian en el modo en que se toman las decisiones, es decir, la forma de "poder", pues kratos puede definirse como gobierno o como poder.
En la primera, el gobierno recae sobre una sola persona, el monarca, que concentra todos los poderes, mientras que en la segunda el gobierno recae sobre un grupo de la sociedad que se define como representativo de ésta por ser "los mejores" (aristocracia), estando los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) también unificados.
La aristocracia puede variar dependiendo del tipo de sociedad y los valores que ésta tenga. Un aristócrata puede ser tanto un miembro de la nobleza como un miembro de la clase política, si éste último llega a tener acceso a bienes o derechos que le diferencien o le distancien del resto de la sociedad.
En nuestra sociedad capitalista es la posesión del dinero (riqueza) la que marca la diferencia, por lo tanto, si un político recibe por "sus servicios" a la sociedad un salario que excede en mucho del salario máximo de cualquier ciudadano, estamos ante un aristócrata, porque la posesión de esa riqueza le da acceso a bienes y servicios vedados para el resto que no tiene capacidad de pagarlos.
Esta diferencia se agrava en sociedades polarizadas donde la economía está patrimonializada.
La democracia se define como el gobierno del pueblo. Según el texto de Aristóteles, para que esta se produzca es necesario que el pueblo se represente a sí mismo.
Así describía Aristóteles esta forma de gobierno (he de recordar que nuestra Constitución no establece la democracia como forma de gobierno sino la Monarquía Parlamentaria):
"El principio del gobierno democrático es la libertad. Al oír repetir este axioma, podría creerse, que sólo en ella puede encontrarse la libertad; porque ésta, según se dice, es el fin constante de toda democracia. El primer carácter de la libertad es la alternativa en el mando y en la obediencia.
En la democracia el derecho político es la igualdad, no con relación al mérito, sino según el número. Una vez sentada esta base de derecho, se sigue como consecuencia que la multitud debe ser necesariamente soberana, y que las decisiones de la mayoría deben ser la ley definitiva, la justicia absoluta; porque se parte del principio de que todos los ciudadanos deben ser iguales. Y así, en la democracia, los pobres son soberanos, con exclusión de los ricos, porque son los más, y el dictamen de la mayoría es ley. Este es uno de los caracteres distintivos de la libertad, la cual es para los partidarios de la democracia una condición indispensable del Estado.
Su segundo carácter es la facultad que tiene cada uno de vivir como le agrade, porque, como suele decirse, esto es lo propio de la libertad, como lo es de la esclavitud el no tener libre albedrío. Tal es el segundo carácter de la libertad democrática. Resulta de esto, que en la democracia el ciudadano no está obligado a obedecer a cualquiera; o si obedece, es a condición de mandar él a su vez; y he aquí cómo en este sistema se concilia la libertad con la igualdad. Todos los ciudadanos deben ser electores y elegibles. Todos deben mandar a cada uno y cada uno a todos, alternativamente. No debe exigirse ninguna condición de riqueza, y si la hay, ha de ser muy moderada. Nadie debe ejercer dos veces el mismo cargo, o por lo menos muy rara vez, y sólo los menos importantes, exceptuando, sin embargo las funciones militares. Todos los ciudadanos deben ser jueces en todos, o por lo menos en casi todos los asuntos, en los más interesantes y más graves, como las cuentas del Estado y los negocios puramente políticos; y también en los convenios particulares. La asamblea general debe ser soberana en todas las materias, o por lo menos en las principales, y se debe quitar todo poder a las magistraturas secundarias, dejándoselo sólo en cosas insignificantes"
Tras las Revoluciones Liberales, desde 1789 en adelante, este concepto se transforma por la influencia de la Ilustración, la cual establece la división de poderes y la democracia representativa, que es el modelo que actualmente impera en los países occidentales denominados "democráticos" comunmente.
En la democracia representativa se reconoce que la soberanía es del pueblo, pero esta soberanía no es ejercida por el propio pueblo de forma directa, sino por representantes, que son elegidos a través de la fórmula del sistema de partidos políticos.
Los partidos políticos postulan sus candidatos, teóricamente mediante elecciones internas o primarias, y estos candidatos son los presentados como "representantes" para ser votados por el pueblo.
El modelo, de forma teórica no es malo, de no ser porque la sociedad no está realmente representada en las bases de los partidos políticos.
lunes, 6 de febrero de 2012
Volviendo a Españistán: ¿Somos los dueños de nuestra propia tierra?
Nuestra historia, como ya he planteado, se ha construido a base de corrientes migratorias. La migración es el proceso que pone en relación los recursos naturales, necesarios para la subsistencia, con la población.
Del mismo modo que las corrientes de agua y de aire se son trasvases entre masas de distinta temperatura y densidad para regularlas, las corrientes migratorias son los flujos que regulan la cantidad de población en relación a los recursos del espacio geográfico.
La administración centralizada de los estados, incluyendo en el concepto de "estado" cualquier centro de poder político, ya sean naciones, regiones o municipios, está vinculada al modelo de explotación capitalista. Aunque históricamente, el capitalismo, como lo conocemos en la actualidad, no comenzó a desarrollarse hasta finales del S.XVI, las sociedades estatales de la antigüedad ya practicaban un cierto tipo de "capitalismo".
El materialismo histórico dividió la historia en distintas etapas, de acuerdo a sus modos de producción, haciendo una diferenciación entre Sociedad Esclavista de la Antigüedad, Sociedad Feudal y Sociedad Capitalista. Lo que les diferencia, básicamente, es el estado jurídico de la fuerza de producción. En las dos primeras, el obrero es una propiedad más del dueño de los medios, sin capacidad ni autonomía, mientras que en el modelo capitalista el obrero no es una propiedad en sí, sino un ente autónomo ligado por contrato al propietario.
De acuerdo a esta reflexión podemos decir que CAPITALISMO, CENTRALIZACIÓN, AUTORITARISMO E IMPERIALISMO son distintas caras de un mismo polígono. Y son el origen del acceso desigual de la población a los recursos.
Digo ACCESO DESIGUAL DE LA POBLACIÓN A LOS RECURSOS y no DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DE LOS RECURSOS.
Con ello pretendo expresar una idea concreta. Lo que está sucediendo es que los "centros" se han constituido en lugares cuyos recursos no son suficientes para satisfacer las necesidades de la población que en ellos habita porque estas necesidades no son reales, sino virtuales.
Del mismo modo que las corrientes de agua y de aire se son trasvases entre masas de distinta temperatura y densidad para regularlas, las corrientes migratorias son los flujos que regulan la cantidad de población en relación a los recursos del espacio geográfico.
De tal modo, siempre se producen desde la periferia hacia el centro, teniendo por centro a aquellos donde se concentran los medios principales de control de los recursos económicos y sus propietarios, y por periferia los lugares dependientes.
La administración centralizada de los estados, incluyendo en el concepto de "estado" cualquier centro de poder político, ya sean naciones, regiones o municipios, está vinculada al modelo de explotación capitalista. Aunque históricamente, el capitalismo, como lo conocemos en la actualidad, no comenzó a desarrollarse hasta finales del S.XVI, las sociedades estatales de la antigüedad ya practicaban un cierto tipo de "capitalismo".
El materialismo histórico dividió la historia en distintas etapas, de acuerdo a sus modos de producción, haciendo una diferenciación entre Sociedad Esclavista de la Antigüedad, Sociedad Feudal y Sociedad Capitalista. Lo que les diferencia, básicamente, es el estado jurídico de la fuerza de producción. En las dos primeras, el obrero es una propiedad más del dueño de los medios, sin capacidad ni autonomía, mientras que en el modelo capitalista el obrero no es una propiedad en sí, sino un ente autónomo ligado por contrato al propietario.
A pesar de ello, el modelo de explotación no difiere demasiado en dichos estadios, pues en ellos el elemento básico es el predominio de la propiedad privada de los medios y los recursos. La patrimonialización de la tierra. Por ello he dicho que, ya desde la Antigüedad, existía un cierto capitalismo.
La explotación centralizada de los recursos está vinculada, además, al modelo imperial y autoritario. Un centro de poder que extiende su ámbito de influencia sobre un área geográfica concreta, bien sea por la fuerza o por la necesidad.
De acuerdo a esta reflexión podemos decir que CAPITALISMO, CENTRALIZACIÓN, AUTORITARISMO E IMPERIALISMO son distintas caras de un mismo polígono. Y son el origen del acceso desigual de la población a los recursos.
Digo ACCESO DESIGUAL DE LA POBLACIÓN A LOS RECURSOS y no DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DE LOS RECURSOS.
Con ello pretendo expresar una idea concreta. Lo que está sucediendo es que los "centros" se han constituido en lugares cuyos recursos no son suficientes para satisfacer las necesidades de la población que en ellos habita porque estas necesidades no son reales, sino virtuales.
La población considera tener necesidades que realmente no lo son, mientras sitúa en un segundo plano las necesidades reales.
¿Y por qué ha sucedido esto?
Simplemente porque la sociedad ha sido "educada", a través del modelo centralizado de administración, en una dinámica de consumo por consumo, no por necesidad. Este círculo, al mismo tiempo, proporciona poder y riqueza a la élite dominante de dicho centro, cuya fortuna se basa en la producción de bienes de consumo y de medios financieros que faciliten la multiplicación del consumo (créditos, tarjetas, hipotecas, etc...)
La manutención de este sistema de explotación pasa por la enajenación de los recursos de gran parte del planeta, solo para satisfacer las necesidades virtuales del 15% de la población mundial y perpetuar el poder del 1% que supone la élite.
Y eso supone imponer, en las las áreas geográficas con recursos necesarios o fundamentales para el sostén del modelo centralizado, una administración delegada que incorpore los recursos a la corriente central.
En la antigüedad esto se hacía mediante la conquista territorial militar, y en la actualidad se continúa con dicho sistema, aunque camuflado en resoluciones de organismos internacionales, presuntamente legitimadas por el pueblo, a través de un modelo de democracia que es tan virtual como las necesidades que percibimos.
La mayor parte de los recursos naturales del planeta no son propiedad de la población que lo habita, sino de un sistema centralizado de transnacionales y multinacionales cuya función es explotar los recursos necesarios para que todo el modelo del consumo perviva.
Y los beneficios solo repercuten en el centro (la élite), pues el resto somos la periferia (dependientes). El capitalismo ha convertido el planeta en una enorme fábrica que se gestiona desde el mundo denominado desarrollado, y que necesita mantenernos en esa dinámica de consumo para que no deje de funcionar.
Los directores de la fábrica son los países representados en el G-8, y sus delegados en las zonas dependientes son las élites gobernantes, que se mantienen fieles a sus jefes a base de premios en forma de capital.
Las consecuencias son el subdesarrollo de la otra parte del mundo y la pobreza de la gran mayoría. Esta pobreza se va ampliando en la medida en que el patrón de la fábrica pretende aumentar sus beneficios.
El modelo de explotación capitalista no tiene por objeto el bien común, ni el crecimiento económico para que este repercuta en el bienestar de la ciudadanía, como teorizó Adam Smith, sino la patrimonialización de los beneficios en unos pocos individuos.
España, al igual que el resto del Mediterráneo, los países subdesarrollados del continente americano y africano, como Egipto, Túnez, Afganistán, Irak, Colombia, Haití... y un largo etcétera, forma parte de la periferia. Ahí está el "quid" de la cuestión.
Esa es la realidad que nos negamos cada día perpetuando el trauma que nos impide liberarnos.
¿Y por qué ha sucedido esto?
Simplemente porque la sociedad ha sido "educada", a través del modelo centralizado de administración, en una dinámica de consumo por consumo, no por necesidad. Este círculo, al mismo tiempo, proporciona poder y riqueza a la élite dominante de dicho centro, cuya fortuna se basa en la producción de bienes de consumo y de medios financieros que faciliten la multiplicación del consumo (créditos, tarjetas, hipotecas, etc...)
La manutención de este sistema de explotación pasa por la enajenación de los recursos de gran parte del planeta, solo para satisfacer las necesidades virtuales del 15% de la población mundial y perpetuar el poder del 1% que supone la élite.
Y eso supone imponer, en las las áreas geográficas con recursos necesarios o fundamentales para el sostén del modelo centralizado, una administración delegada que incorpore los recursos a la corriente central.
En la antigüedad esto se hacía mediante la conquista territorial militar, y en la actualidad se continúa con dicho sistema, aunque camuflado en resoluciones de organismos internacionales, presuntamente legitimadas por el pueblo, a través de un modelo de democracia que es tan virtual como las necesidades que percibimos.
La mayor parte de los recursos naturales del planeta no son propiedad de la población que lo habita, sino de un sistema centralizado de transnacionales y multinacionales cuya función es explotar los recursos necesarios para que todo el modelo del consumo perviva.
Y los beneficios solo repercuten en el centro (la élite), pues el resto somos la periferia (dependientes). El capitalismo ha convertido el planeta en una enorme fábrica que se gestiona desde el mundo denominado desarrollado, y que necesita mantenernos en esa dinámica de consumo para que no deje de funcionar.
Los directores de la fábrica son los países representados en el G-8, y sus delegados en las zonas dependientes son las élites gobernantes, que se mantienen fieles a sus jefes a base de premios en forma de capital.
Las consecuencias son el subdesarrollo de la otra parte del mundo y la pobreza de la gran mayoría. Esta pobreza se va ampliando en la medida en que el patrón de la fábrica pretende aumentar sus beneficios.
El modelo de explotación capitalista no tiene por objeto el bien común, ni el crecimiento económico para que este repercuta en el bienestar de la ciudadanía, como teorizó Adam Smith, sino la patrimonialización de los beneficios en unos pocos individuos.
España, al igual que el resto del Mediterráneo, los países subdesarrollados del continente americano y africano, como Egipto, Túnez, Afganistán, Irak, Colombia, Haití... y un largo etcétera, forma parte de la periferia. Ahí está el "quid" de la cuestión.
Esa es la realidad que nos negamos cada día perpetuando el trauma que nos impide liberarnos.
sábado, 28 de enero de 2012
De España a Españistán o Psicoanálisis (2ª Parte)
Terminé diciendo, en la anterior entrega, que tenemos un problema de identidad. Un complejo, o un delirio de grandeza.
Sigmud Freud desarrolló la técnica denominada "Psicoanálisis" en 1896, para tratar conflictos psíquicos. Se basa en el estudio de los comportamientos humanos en relación al estado de ánimo. Estudia los sueños y los delirios, los miedos y los deseos.
Yo no he ido nunca a un psicólogo ni he leído sobre psicología, pero hay algo que más o menos, comprendo. El primer paso para tratar un problema psíquico es reconocerlo. Toda enfermedad psíquica es concebida por el enfermo como algo intrínseco a su naturaleza, y por lo tanto, no siente la necesidad de curarla hasta que ésta genera algún tipo de consecuencia física. Por ejemplo, un trastorno alimenticio tiene su origen en la mente, pero sus efectos son físicos.
Existe también la psicología colectiva. De hecho, podríamos decir que el volgeist al que me referí anteriormente (en la primera parte), es un modo de explicar la psicología colectiva.
La psicología colectiva se construye a través de la experiencia y la vivencia, y esto engloba a todas las actividades que el hombre hace (hombre como concepto neutro de humanidad, que no quiero andar con esa moda de tener que especificar el género cada dos por tres). Ahí podemos meter las actividades económicas, las tradiciones, la historia, el arte, etc...
La historiografía marxista, a través de la Escuela de Annales, introdujo esta forma de analizar la Historia.
Pierre Vilar lo denominó Historia Total. Se basaba en la idea del análisis del motor de la Historia, de los procesos de cambio y de evolución, interrelacionado todas las actividades humanas.
El materialismo histórico explicó el motor de la Historia a través de las relaciones económicas de producción, sin embargo, Annales introdujo aspectos culturales y espirituales.
Esto quiere decir que un pueblo es la psicología colectiva de sus individuos, la forma en que estos perciben o comprenden su propia existencia, de acuerdo a todos los factores que rodean a ese colectivo y que componen su desarrollo histórico.
Si un individuo puede tener un trauma, como consecuencia de un conflicto entre su experiencia vital y la forma en que ha comprendido dicha experiencia. Un colectivo también puede desarrollar un trauma. Y un trauma puede derivar en un problema de carácter físico.
Un colectivo afectado por un trauma, debe primero superar ese trauma para poder curar su problema físico.
Nuestro trauma es nuestra negación de la realidad, nuestro delirio de grandeza. Nuestro problema físico son esas cosas a las que llamamos crisis y problemática social y económica.
Sigmud Freud desarrolló la técnica denominada "Psicoanálisis" en 1896, para tratar conflictos psíquicos. Se basa en el estudio de los comportamientos humanos en relación al estado de ánimo. Estudia los sueños y los delirios, los miedos y los deseos.
Yo no he ido nunca a un psicólogo ni he leído sobre psicología, pero hay algo que más o menos, comprendo. El primer paso para tratar un problema psíquico es reconocerlo. Toda enfermedad psíquica es concebida por el enfermo como algo intrínseco a su naturaleza, y por lo tanto, no siente la necesidad de curarla hasta que ésta genera algún tipo de consecuencia física. Por ejemplo, un trastorno alimenticio tiene su origen en la mente, pero sus efectos son físicos.
Existe también la psicología colectiva. De hecho, podríamos decir que el volgeist al que me referí anteriormente (en la primera parte), es un modo de explicar la psicología colectiva.
La psicología colectiva se construye a través de la experiencia y la vivencia, y esto engloba a todas las actividades que el hombre hace (hombre como concepto neutro de humanidad, que no quiero andar con esa moda de tener que especificar el género cada dos por tres). Ahí podemos meter las actividades económicas, las tradiciones, la historia, el arte, etc...
La historiografía marxista, a través de la Escuela de Annales, introdujo esta forma de analizar la Historia.
Pierre Vilar lo denominó Historia Total. Se basaba en la idea del análisis del motor de la Historia, de los procesos de cambio y de evolución, interrelacionado todas las actividades humanas.
El materialismo histórico explicó el motor de la Historia a través de las relaciones económicas de producción, sin embargo, Annales introdujo aspectos culturales y espirituales.
Esto quiere decir que un pueblo es la psicología colectiva de sus individuos, la forma en que estos perciben o comprenden su propia existencia, de acuerdo a todos los factores que rodean a ese colectivo y que componen su desarrollo histórico.
Si un individuo puede tener un trauma, como consecuencia de un conflicto entre su experiencia vital y la forma en que ha comprendido dicha experiencia. Un colectivo también puede desarrollar un trauma. Y un trauma puede derivar en un problema de carácter físico.
Un colectivo afectado por un trauma, debe primero superar ese trauma para poder curar su problema físico.
Nuestro trauma es nuestra negación de la realidad, nuestro delirio de grandeza. Nuestro problema físico son esas cosas a las que llamamos crisis y problemática social y económica.
domingo, 22 de enero de 2012
De España a Españistán. Primera parte.
Esta mañana, mientras desayunaba, ponían en la televisión una de esas tertulias matinales donde se insinúa todo pero nunca se dice nada.
No estaba prestando demasiada atención al asunto. Pasados unos minutos, fui a la cocina a por más azúcar, y en la lejanía televisiva escuché una frase que me hizo sonreir:
Al fin, los cronistas de la Corte de Juan Carlos comienzan a aceptar públicamente un hecho que muchos españoles llevamos denunciando hace tiempo.
No vivimos en una democracia, o mejor dicho;"Lo llaman democracia y no lo es"
La historia imprime carácter, y nuestro país tiene el suyo propio.
Su rica tradición cultural y gastronómica, así como su mestizaje (aunque algunos piensen que somos blancos europeos, y hablen de los africanos, asiáticos o latino americanos como si fueran inferiores) se los debemos, precisamente, a dos causas; La inmigración, o trasvase de población desde otras áreas geográficas, y la colonización.
La Península Ibérica fue receptora de pobladores llegados desde Oriente Próximo durante la Proto Historia, y también colonizada por los diversos pueblos que con distinta intensidad y dispares medios explotaron sus recursos naturales y humanos.
Pero el devenir histórico es caprichoso, y fácilmente, se puede pasar de colonizado a colonizador, cuando la circunstancia así lo permite, y de colonizador a colonizado nuevamente.
La construcción de las identidades puede ser muy peligrosa, pero es verdaderamente útil para aglutinar movimientos políticos de muy distintos signos.
El Neogoticismo Medieval sirvió para construir la identidad española que aún conservamos. No hay más que escuchar a Cayetano Martinez de Irujo, cuya madre posee el título de hija predilecta en Andalucía.
El estado español, tal y como lo conocemos geográficamente, comenzó a configurarse durante los Siglos VIII y XV, a través del proceso histórico que ha sido denominado "Reconquista".
El concepto "reconquista" tiene una fuerte carga ideológica, pues está dando por hecho que el conquistador o invasor está legitimado para llevar a cabo su empresa, ya que no va a usurpar un territorio ajeno, sino que va a recuperar algo que fue suyo.
Para justificarlo aluden a un antepasado que es el "propietario" legítimo del territorio.
Los cronistas de la época establecían vínculos entre los Reinos Cristianos constituidos en la Península y el Reino Visigodo Hispano.
La conquista de los territorios peninsulares bajo las banderas de los Reinos Castellano-Leoneses, por un lado, y la corona de Aragón, por el otro, se hizo en torno a un ideario nacionalista que mezclaba religión y política. Su máximo exponente fueron los Reyes Católicos cuando propugnaron la unidad territorial y religiosa, que se tradujo en los últimos episodios conquistadores peninsulares, y la expulsión o castigo a todos aquellos que no profesaban la religiosidad oficial.
Luego, tras el "descubrimiento" de América les toco a otros pueblos y civilizaciones conocer la mano dura del invasor, los que estaban al otro lado del Océano. La aculturación se hizo sobre la base de aquella ideología centrípeta (unidad territorial, ideológica y religiosa) y con el objeto de servir a un interés económico.
El Imperio Español fue producto de la guerra y la invasión, e imprimió en nuestro devenir el carácter aristócratico y prepotente que aún no hemos perdido.
Si estoy contando todo esto es para que entiendan como se ha desarrollado el espíritu español, o como dirían los autores del nacionalismo del S.XIX, nuestro volgeist.
Los valores que se vinculan a nuestra idea de Nación no son valores progresistas, ni democráticos, ni solidarios, ni justos.
Son valores producto de una sociedad militarista e imperialista.
Este ideario sigue siendo el que impera oficialmente en todos nuestros medios de comunicación, el que impregna nuestra enseñanza, y el que, aún, sirve de base para conformar nuestra sociedad futura, a pesar de la asunción por nuestra normativa de la Declaración de los Derechos Humanos.
Es muy difícil educar a la sociedad en la solidaridad y la justicia social cuando a través del análisis histórico se está dando un mensaje muy distinto.
Cuando nuestras autoridades siguen tratando a las naciones que antaño fueron colonias de España como colonias, y no se reconoce el derecho de éstos de regir sus propios procesos políticos y económicos. Cuando se ingiere en sus asuntos internos usando la mentira, la manipulación y la propaganda.
La pervivencia de la ideología no viene acompañada, sin embargo, por la realidad social. España ya no es un imperio económico colonizador. Su estructura social y económica es la de un país dependiente económicamente y colonizado.
Vivimos una situación similar a la de los países del Tercer Mundo, ya que nuestras estructuras no son las de un país desarrollado.
El problema es que no lo aceptamos.
Es imprescindible reconocer las carencias y aceptarlas para poder cambiar las cosas. Pero nuestra cultura oficial nos impide realizar este ejercicio de saneamiento.
No estaba prestando demasiada atención al asunto. Pasados unos minutos, fui a la cocina a por más azúcar, y en la lejanía televisiva escuché una frase que me hizo sonreir:
"Habría que plantearse la búsqueda de una democracia real"
Al fin, los cronistas de la Corte de Juan Carlos comienzan a aceptar públicamente un hecho que muchos españoles llevamos denunciando hace tiempo.
No vivimos en una democracia, o mejor dicho;"Lo llaman democracia y no lo es"
La historia imprime carácter, y nuestro país tiene el suyo propio.
Su rica tradición cultural y gastronómica, así como su mestizaje (aunque algunos piensen que somos blancos europeos, y hablen de los africanos, asiáticos o latino americanos como si fueran inferiores) se los debemos, precisamente, a dos causas; La inmigración, o trasvase de población desde otras áreas geográficas, y la colonización.
La Península Ibérica fue receptora de pobladores llegados desde Oriente Próximo durante la Proto Historia, y también colonizada por los diversos pueblos que con distinta intensidad y dispares medios explotaron sus recursos naturales y humanos.
Pero el devenir histórico es caprichoso, y fácilmente, se puede pasar de colonizado a colonizador, cuando la circunstancia así lo permite, y de colonizador a colonizado nuevamente.
La construcción de las identidades puede ser muy peligrosa, pero es verdaderamente útil para aglutinar movimientos políticos de muy distintos signos.
El Neogoticismo Medieval sirvió para construir la identidad española que aún conservamos. No hay más que escuchar a Cayetano Martinez de Irujo, cuya madre posee el título de hija predilecta en Andalucía.
El estado español, tal y como lo conocemos geográficamente, comenzó a configurarse durante los Siglos VIII y XV, a través del proceso histórico que ha sido denominado "Reconquista".
El concepto "reconquista" tiene una fuerte carga ideológica, pues está dando por hecho que el conquistador o invasor está legitimado para llevar a cabo su empresa, ya que no va a usurpar un territorio ajeno, sino que va a recuperar algo que fue suyo.
Para justificarlo aluden a un antepasado que es el "propietario" legítimo del territorio.
Los cronistas de la época establecían vínculos entre los Reinos Cristianos constituidos en la Península y el Reino Visigodo Hispano.
La conquista de los territorios peninsulares bajo las banderas de los Reinos Castellano-Leoneses, por un lado, y la corona de Aragón, por el otro, se hizo en torno a un ideario nacionalista que mezclaba religión y política. Su máximo exponente fueron los Reyes Católicos cuando propugnaron la unidad territorial y religiosa, que se tradujo en los últimos episodios conquistadores peninsulares, y la expulsión o castigo a todos aquellos que no profesaban la religiosidad oficial.
Luego, tras el "descubrimiento" de América les toco a otros pueblos y civilizaciones conocer la mano dura del invasor, los que estaban al otro lado del Océano. La aculturación se hizo sobre la base de aquella ideología centrípeta (unidad territorial, ideológica y religiosa) y con el objeto de servir a un interés económico.
El Imperio Español fue producto de la guerra y la invasión, e imprimió en nuestro devenir el carácter aristócratico y prepotente que aún no hemos perdido.
Si estoy contando todo esto es para que entiendan como se ha desarrollado el espíritu español, o como dirían los autores del nacionalismo del S.XIX, nuestro volgeist.
Los valores que se vinculan a nuestra idea de Nación no son valores progresistas, ni democráticos, ni solidarios, ni justos.
Son valores producto de una sociedad militarista e imperialista.
Este ideario sigue siendo el que impera oficialmente en todos nuestros medios de comunicación, el que impregna nuestra enseñanza, y el que, aún, sirve de base para conformar nuestra sociedad futura, a pesar de la asunción por nuestra normativa de la Declaración de los Derechos Humanos.
Es muy difícil educar a la sociedad en la solidaridad y la justicia social cuando a través del análisis histórico se está dando un mensaje muy distinto.
Cuando nuestras autoridades siguen tratando a las naciones que antaño fueron colonias de España como colonias, y no se reconoce el derecho de éstos de regir sus propios procesos políticos y económicos. Cuando se ingiere en sus asuntos internos usando la mentira, la manipulación y la propaganda.
La pervivencia de la ideología no viene acompañada, sin embargo, por la realidad social. España ya no es un imperio económico colonizador. Su estructura social y económica es la de un país dependiente económicamente y colonizado.
Vivimos una situación similar a la de los países del Tercer Mundo, ya que nuestras estructuras no son las de un país desarrollado.
El problema es que no lo aceptamos.
Es imprescindible reconocer las carencias y aceptarlas para poder cambiar las cosas. Pero nuestra cultura oficial nos impide realizar este ejercicio de saneamiento.
miércoles, 18 de enero de 2012
De las minis a los minis.
Si el final del Siglo XX se caracterizó por la aparición de las minifaldas y los minishorts, lo que permitió a las mujeres del mundo lucir los "muslámenes" sin complejos, el Siglo XXI trae otra clase de minis, no tan atractivos: Los mini-jobs.
¿Y qué diablos es esto?
Su traducción es mini trabajos. Consiste en contratos de no más de 15 horas a la semana, remunerados con un salario de 400 Euros.
Las "cabezas pensantes", ideólogas de éste tipo de empleos, son oriundas de Alemania, y allí lo aplican desde el año 2003.
El Banco Central Europeo recomendó a España aplicar este "maravilloso" modelo para hacer frente al problema del paro, y la patronal, es decir, la CEOE, está muy de acuerdo con la banca en este punto concreto; pagar poco y ganar mucho.
El gobierno de Rajoy, por su parte, prepara una reforma laboral "muy cortita". Ya ha dicho que la va a sacar adelante con o sin Patronal y Sindicatos, lo que traducido al lenguage castizo de la derechona española significa, sin sindicatos.
Los que nos hemos "quedao" con un palmo de narices somos los miles de trabajadores españoles contratados mediante la forma contractual denominada "CONTRATO POR OBRA Y SERVICIO". Popularmente llamados "contratos basura" debido a la estabilidad que proporcionan. Vamos, ninguna.
Tanto los alemanes como el Banco Central Europeo desconocían por completo que España es pionera en el mundo del mini job.
Sin ir más lejos, yo hace unos años trabajaba para una empresa que me pagaba 450 Euros por trabajar ¡nada menos! que 20 horas a la semana.
Tan avanzados estamos en el sector I+E (Innovación+Explotación), que ya hay gente dispuesta a ofrecer los "super mini jobs". Trabajos de media jornada por mucho menos que 400 Euros.
Una conocida mía fue a una entrevista de trabajo, para una empresa de telemarketing, el contrato que le ofrecían era por tres meses, en una jornada parcial de 4 horas al día. El primer mes cobraría 100 Euros, pues sería de formación (¿cómo molestar por teléfono a partir de las 15 horas?), y más que nada para que no perdiera dinero en los viajes de ida y vuelta. El segundo 200 Euros y, ya, el tercero le ofrecían 300, más las comisiones por ventas, siempre y cuando la cosiderasen apta para la realización del trabajo.
Ella se quedó con la cara del color de un cirio y le dijo al encargado de la entrevista: ¿como quiere que trabaje por 100 Euros?
Encima tendría que aguantar la mirada inquisidora del individuo.
Tendríamos que decirles a estos ideólogos del Neoliberalismo que la esclavitud data de la Antigüedad.
lunes, 16 de enero de 2012
Prólogo.
"En un mundo Libre" es la traducción al castellano del título inglés "It's a free world", de la película de Ken Loach.
La cinta, excelente y muy recomendable, aborda un drama social que afecta a la gran mayoría de las personas en el mundo capitalista y globalizado actual: La inestabilidad y la precariedad laboral.
Lo hace desde la perspectiva del explotador, quien a su vez, es otro explotado dentro de una larga cadena donde el último eslabón es el trabajador inmigrante.
Trata de las Empresas de Trabajo Temporal o ETTs.
El título está relacionado con una de las escenas de la película, donde la protagonista pronuncia esta frase: But it's a free world!
Y me sirve de excusa para dar nombre a este nuevo blog cuyo objeto es compartir con vosotros experiencias propias y ajenas que retratan a la sociedad de principios del Siglo XXI.
La cinta, excelente y muy recomendable, aborda un drama social que afecta a la gran mayoría de las personas en el mundo capitalista y globalizado actual: La inestabilidad y la precariedad laboral.
Lo hace desde la perspectiva del explotador, quien a su vez, es otro explotado dentro de una larga cadena donde el último eslabón es el trabajador inmigrante.
Trata de las Empresas de Trabajo Temporal o ETTs.
El título está relacionado con una de las escenas de la película, donde la protagonista pronuncia esta frase: But it's a free world!
Y me sirve de excusa para dar nombre a este nuevo blog cuyo objeto es compartir con vosotros experiencias propias y ajenas que retratan a la sociedad de principios del Siglo XXI.
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